sábado, 23 de noviembre de 2013

Le mirage, Jean-Claude Guiguet

                                                                       And now in age I bud again,
                                                           after so many deaths I live and write;
                                                              I once more smell the dew and rain
 
                                                                                              George Herbert 
 
                                                                                                                                                                                                                                   
Viaje al centro de la tierra
 
¿Cuál es el centro de Europa? Pregunta Ken durante una comida al aire libre. En otro tiempo, responde Jeanne, el ama de llaves de la familia, cuando se creía que la tierra era plana, tenía sentido buscar el centro. Todas las capitales en un momento dado se han creído el centro del mundo. Pero desde que sabemos que la tierra es redonda, no tiene sentido buscar un centro. Sin embargo, responde Ken, muchas capitales siguen creyéndose el centro.
¿Cuál es el centro de la película? ¿Y si no lo tuviera? ¿Y si el centro de esta película fuera lo que no se ve, lo invisible? Lo invisible puede ser el polen que llega con la primavera, la misteriosa alga que cubre el lago Leman de rojo, el padre ausente, los sentimientos como el amor (incluido el amor maternal), el deseo sexual (véanse las extraordinarias escenas de la "visión" en las orillas del lago y la posterior escena del sueño), la enfermedad, la muerte. Porque si bien el personaje de Maria, que con el advenimiento de la primavera rejuvenece y se enamora de Ken, el profesor de inglés de su hijo, es el hilo conductor de la película, no hay que olvidar a los otros personajes, todos extraordinarios, componiendo el equilibrio de la misma, un equilibrio de otro tiempo, de cuando las familias aristocráticas cenaban sin ver la televisión y en la sobremesa se hablaba de arte o se tocaba una pieza de Mozart. De cuando todos, hasta el profesor a domicilio o el ama de llaves eran seres inteligentes y sensibles. La casa es un personaje más, con sus salones, sus terrazas, sus escaleras que separan las dos plantas, el jardín, el taller de Anna. Y la música. Veamos, uno por uno, los personajes:
1) Maria, viuda de unos cincuenta años, como dice ella misma al principio de la película: "pertenece a la primavera", irradia felicidad y plenitud. Estos días, le dice su hija Anna (maravillosa Fabienne Babe) ha sucedido algo extraordinario: súbitamente, he vuelto a ver tu silueta de cuando eras joven. Maria se enamora de Ken, el profesor de inglés de su hijo, de su frescura, de su sensibilidad. En un plano secuencia de casi 5 minutos confiesa su amor, a sí misma, pues nadie la oye, y al final del plano abre la puerta, sale a la terraza y se queda sola con la naturaleza. Es un gran momento de cine. El viento sopla en su rostro. El viento... Al principio de la película, cuando Anna se queja de que haga viento ese día, Maria responde: el viento es importante en primavera, permite que las plantas se reproduzcan. Durante una visita a un castillo de la región Maria se declara a Ken y esta se da cuenta de que su amor es recíproco. Esa misma noche sufre un desmayo. Todo se precipita. Llega el médico, la llevan corriendo a la clínica. Impresionante el travelling de todos los personajes saliendo de la casa con la paciente, bajo la lluvia, con los paraguas. Todos menos uno: Edouard, el hijo menor, que llega demasiado tarde y pierde el coche.
2) Anna es la hija mayor. Cuando no da paseos con su madre o con Jeanne, pinta en su taller. Está en la flor de su juventud pero casi no lo parece, eclipsada como está por el júbilo y la vitalidad de su madre.  Es verdad que, nos dice Jeanne, su novio la ha dejado hace poco y sufre. Lee a Nietzsche, no cree demasiado en los milagros ni en las emociones. Está mucho más cerrada al mundo que su madre. No quiere tener hijos. No quiere sufrir. A su manera, también está enferma. Durante la primera cena con Ken, hay una escena maravillosa. Están hablando de los viñedos de la zona y Edouard, con su humor característico, habla de un parásito que devora las viñas. Y sobre todo, porque son más bellos, los rosales. Y que los agricultores han tenido esa idea genial de plantar un rosal  en cada hilera para que el parásito los ataque primero y así les den la señal de alarma. Pues bien, mientras dice esto, Guiguet filma a Anna en primer plano, como cuando Paul Newman filmaba en primer plano a la hermana de Matilda mientras ésta, durante el concurso de Ciencias naturales del colegio, decía que algunas de las flores de su experimento habían crecido con deformidades. ¿Se puede ser más fino?
3) Edouard es el hijo pequeño, un adolescente. Cuando no recibe clases de inglés (sueña con ir a estudiar a los Estados Unidos) se dedica a hacer widsurf en el lago o a jugar al ajedrez con su hermana. Se siente un poco aparte, un poco solo en ese mundo de mujeres. De hecho no asiste al cumpleaños de su madre al principio de la película. Tampoco se le ve nunca paseando por los alrededores con ella. Habla con acento alemán porque de niño vivió en Alemania, como su hermana de hecho, pero sólo él conserva el acento alemán. ¿Y eso? Pregunta Ken. Rarezas de la vida, responde maravillosamente Edouard. Es él quien cuenta las anécdotas sobre algas y parásitos y moscas voraces con dientes enormes. Cuando el médico decide que hay que ingresar a Maria, Edouard no llega a tiempo y pierde el coche. Y entonces hay un plano extraordinario en el que lo vemos de pie bajo la lluvia, llorando.
4) Ken es el extranjero (de Estados Unidos), el personaje ajeno a la casa, a la región, desenraizado, sin pasado, como su país. Es muy educado y sensible, un poco ingenuo. Casi parece irreal, como un príncipe azul. Tiene una peculiar manera de andar y de actuar, como si fuera un robot, como vemos en la escena de la despedida en la terraza.
5) Jeanne es el ama de llaves de la familia. Una mujer sabia y culta que, según Maria, ayuda a mantener el equilibrio de la familia. También es viuda, como Maria, pero encarna otro tipo de viudedad, está en paz consigo misma, como dice en un monólogo muy bello. Jeanne es la única que no irá a visitar el castillo, lo cual propiciará tal vez el encuentro amoroso entre Maria y Ken, durante la única salida de la casa en toda la película.
 
 Las soledades interrumpidas
 
La historia de Le mirage es una historia de soledades interrumpidas, como decía un bello poema de Jorge Guillén. Es una familia que no sale nunca de su casa y sus alrededores. La llegada del joven profesor americano, como la llegada del TGV a la zona (espléndida la escena cuando Maria y Anna están paseando e irrumpe súbitamente el TGV y en el plano siguiente vemos un ave en el cielo: el ave y el tren no se oponen, conviven en el mismo lugar) desencadena el sentimiento de amor y de pasión en Maria pero también las dudas en Anna y en Eduard quienes piensan que lo mejor sería prescindir de los servicios del profesor, porque ven el equilibrio de la familia, y sobre todo el estado de su madre, en peligro.
Pero Maria está dispuesta a vivir su amor hasta el final. La visita al castillo es la única salida de la familia durante toda la película, y ésta propiciará el encuentro amoroso entre Maria y Ken. Esta escena viene precedida por la espléndida escena en el barco, cuando el revisor pide el billete a Maria y ésta se le queda mirando, se lo enseña y por primera vez en toda la película vemos su rostro vacío, como una premonición de lo que va a suceder.
Al final, el amor entre Maria y Ken no se consuma (la naturaleza también puede ser cruel) y en la última escena (la muerte es inminente), en la habitación de la clínica, Maria se despide primero de Ken y de su hijo, después de su hija y del ama de llaves y entonces, llega el último plano de la película. Una pared. Ana entra en el encuadre por debajo, como si se pusiera de pie. Justo después, Jeanne entra en el encuadre por la derecha, el punto de vista parece ser el de la moribunda, que ha pedido que se abra la ventana porque se sofoca, se está muriendo. Entonces las dos mujeres avanzan hacia la izquierda. Anna parece querer cerrar la ventana. La cámara las acompaña en panorámica. En ese momento Jeanne dice a Anna esta frase maravillosa: "Deja la ventana abierta" y la cámara sigue avanzando hasta encuadrar la ventana, con el paisaje del lago y la naturaleza. Una muerte feliz. Y el plano dura, queda un momento en silencio, con los sonidos de los pájaros. Y un poco antes de los títulos de crédito surge el segundo movimiento de la tercera sinfonía de Schumann que ya habíamos oído en otros momentos de la película de absoluta plenitud en la naturaleza.
 

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